Colima es el estado más compacto del Pacífico, y su arqueología funciona igual: dos zonas abiertas, las dos en la periferia de la capital, las dos alcanzables en la misma mañana. Una es un asentamiento de 132 hectáreas con calles y drenaje; la otra guarda relieves de Tláloc labrados en piedra. Ninguna aparece cerrada en el directorio del INAH.
Esta guía se apoya en el directorio oficial y en la ficha de cada sitio, consultadas el 2 de agosto de 2026.
Las dos zonas abiertas
| Zona arqueológica | Dónde está | Horario | Entrada |
|---|---|---|---|
| La Campana | Noroeste de Colima capital | Lunes a domingo, 9:00–17:00 | $145 · $80 nacionales |
| El Chanal | Norte de Colima capital | Martes a domingo, 9:00–18:00 | $145 · $80 nacionales |
Datos tomados de las fichas oficiales del INAH el 2 de agosto de 2026. La tarifa reducida aplica a personas mexicanas y a extranjeras con residencia en México; las cuotas se actualizan cada año. El Chanal descansa los lunes; La Campana abre los siete días. Las filas verificadas están en la tabla de tarifas.
La Campana: una ciudad con calles y drenaje
La Campana está literalmente en la ciudad, al noroeste de la capital junto al Periférico Norte — su ficha la ubica “entre el Tecnológico de Colima y el Arroyo Pereira” — y es la zona mayor del estado: 132 hectáreas con una ocupación larguísima, del 300 antes de nuestra era al 1500.
Lo que la vuelve notable no es la altura de sus basamentos sino su urbanismo: la ficha registra calles, sistema de drenaje, juego de pelota y petroglifos. Un asentamiento planeado, con infraestructura hidráulica, en un estado que casi nadie asocia con ciudades prehispánicas.
Y pertenece a la tradición Teuchitlán, la misma de los Guachimontones jaliscienses, con su firma inconfundible: las tumbas de tiro, pozos verticales excavados en la roca que desembocan en cámaras funerarias laterales. Es el hilo que conecta la arqueología de Colima con la de Jalisco y Nayarit — un occidente que enterraba a sus muertos de una manera que no existe en el resto de Mesoamérica.
El Chanal: Tláloc y Ehécatl en piedra
El Chanal, al norte de la capital, es más tardío y más iconográfico. Su ficha registra plataformas ceremoniales con relieves labrados de Tláloc, el dios de la lluvia, y de Ehécatl, el viento — más un juego de pelota y estructuras habitacionales, con ocupación entre 1100 y 1400.
Esos dos nombres son la clave del sitio: Tláloc y Ehécatl son deidades del altiplano central, y su presencia aquí, junto a otros rasgos que la ficha vincula con Tula, cuenta la historia del Posclásico colimense — el momento en que el occidente entró de lleno en la órbita cultural tolteca. Se llega desde la plaza principal de Colima subiendo por Venustiano Carranza hasta el tercer anillo, y de ahí por el camino de terracería al pueblo de El Chanal.
Dos zonas, dos capítulos distintos
Las fechas que publican las fichas cuentan una historia que conviene llevar en la cabeza al recorrerlas, porque explica por qué las dos zonas se ven tan distintas estando a minutos una de otra.
La Campana abarca casi dos mil años: del 300 antes de nuestra era al 1500. Es decir, vio nacer, crecer y apagarse toda la secuencia prehispánica del estado, y por eso su traza urbana —las calles, el drenaje— es la de un lugar que se fue rehaciendo encima de sí mismo generación tras generación.
El Chanal ocupa solo tres siglos: de 1100 a 1400, el último tramo. Ahí no hay acumulación, hay una época concreta — y es justo la época en que el occidente se conecta con el altiplano. De ahí que sus relieves hablen en el idioma iconográfico de Tula y no en el de las tumbas de tiro.
Recorrer las dos en el mismo día es, en la práctica, ver el principio y el final de la misma historia con dos horas de diferencia.
Cómo planear la visita
- Las dos en una mañana. Están a minutos una de otra en la periferia de la capital: no hay estado donde la arqueología cueste menos tiempo de traslado.
- Evita el lunes si quieres las dos. El Chanal descansa ese día; La Campana no.
- El calor manda. Colima es tierra caliente y ambas zonas se recorren a cielo abierto: la primera hora de la mañana o la última de la tarde.
Y el remate colimense de siempre: por la tarde, subir a Comala — media hora — a ver el volcán pintarse desde los portales. Arqueología, pueblo blanco y atardecer en el mismo día, con menos kilómetros que en cualquier otro estado del país.
El contexto completo está en la guía de Colima, su único Pueblo Mágico en Pueblos Mágicos de Colima y el café del volcán con la tuba del Galeón en la comida típica colimense. La serie continúa con las zonas arqueológicas de Michoacán, donde esperan las yácatas purépechas.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas zonas arqueológicas se pueden visitar en Colima?
Dos, según el directorio oficial del INAH: La Campana y El Chanal, ambas en la periferia de la capital. Ninguna aparece cerrada.
¿Cuánto cuesta entrar?
$145 general y $80 para personas mexicanas y extranjeras residentes, en las dos. Las tarifas del INAH se actualizan cada año.
¿Qué son las tumbas de tiro?
Pozos verticales excavados en la roca que desembocan en cámaras funerarias laterales. Son la firma del occidente prehispánico y La Campana las documenta como parte de la tradición Teuchitlán.
¿Cuál conviene si solo hay tiempo para una?
La Campana: 132 hectáreas con calles, drenaje, juego de pelota y petroglifos, y abierta los siete días.
¿Se pueden combinar con Comala?
Sí, y es el plan natural: las dos zonas por la mañana en la capital y Comala por la tarde, a media hora.
Fuentes y fecha de verificación
Investigación verificada el 2 de agosto de 2026 con el directorio de zonas arqueológicas del INAH y las fichas oficiales de La Campana y El Chanal. Los horarios y tarifas cambian cada año: confirma con el Centro INAH Colima antes de viajar.
